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Cuatro días, algunos incluso cinco, tardaron 283 pasajeros de un vuelo Lima-Madrid de Air Madrid en llegar a su destino. Cuatro días en los que estos viajeros aseguran haber vivido una de sus peores pesadillas. Y lo peor de todo, según coinciden, ha sido el “maltrato” que han recibido por parte de la compañía, que al llegar a la capital española les ofreció tan solo 300 euros a cambio de que renunciaran a indemnizaciones.
Eran las 23.00 horas cuando el vuelo Air Madrid 532 despegaba de Lima con dirección a Madrid. Aproximadamente una hora después los viajeros escucharon una explosión y el avión comenzó a oler a queroseno. La tripulación decidió entonces aterrizar en el aeropuerto brasileño de Manaos, situado en medio del Amazonas. Ahí comenzó su particular calvario.
En un principio, según relató a Europa Press Televisión Ángela Arrieta, una de las pasajeras afectadas que perdió su trabajo como consecuencia del retraso, tuvieron que pasar “dos horas y media” sin poder bajar del avión mientras arreglaban la avería. Seguidamente, les hicieron bajar y cargar con sus maletas para trasladarles hasta un sala pequeña donde estuvieron durante unas horas “sin agua y sin comida, y con tan solo un baño para hombres y otro para damas”.
Y eso que entre los pasajeros había, según recordó, “criaturas, mujeres embarazadas, un chico en silla de ruedas, un señor con diabetes y otro que sufría del corazón”, a los que nadie de la compañía les daba una explicación sobre cómo iban las cosas, algo a lo que, dijo, “teníamos derecho”. Sobre las cinco de la madrugada, los viajeros pudieron acceder al resto del aeropuerto, pero la situación de incertidumbre no cesó. En total, se quejó Ángela, pasaron “12 horas en muy malas condiciones”.
Pasado ese tiempo y en vista de que la avería del avión continuaba, la compañía decidió repartir a los pasajeros en dos hoteles, donde “el trato vejatorio” continuó, según palabras de la propia Ángela. “Estuvimos dos días en el hotel (…) del que no podíamos salir ni a la puerta de la calle porque nos decían que en una o dos horas nos iban a avisar” de qué es lo que iban a hacer con ellos para que regresaran a Madrid cuanto antes, explicó esta viajera. Sin embargo, “no nos avisaron de nada”, apuntó.
ESTRÉS CONTINUO
Tras esas 48 horas, el responsable de Air Madrid en Brasil, Gustavo Maxtzud, les ofreció viajar en un vuelo alquilado por la compañía que les llevaría a Sao Paulo y de allí a Madrid. No obstante, 24 del total de los pasajeros no cabían en el avión. Según manifestó Héctor Rivera, uno de esos 24 viajeros, el estrés durante estos días fue “continuo”.
De hecho, dijo, se les avisó de que se tenían que quedar en tierra “dos horas antes de que ese vuelo partiera con destino Madrid. Al día siguiente, Air Madrid les hizo otra oferta: viajar en un vuelo Manaos-Brasilia-Natal-Barcelona-Madrid.
Una vez en el aeropuerto de Barajas, “nadie” de la compañía con la que habían viajado estaba para recibirles y explicarles qué es lo que verdaderamente había ocurrido. “Hasta ahora no se han puesto en contacto con nosotros para decirnos que fue lo que pasó. Escuchamos versiones de que estábamos viajando en un avión con un motor estropeado, y la pregunta que nos hacemos muchos es qué hubiera pasado si el segundo motor se hubiera estropeado”, expresó. “Nuestra seguridad estuvo en peligro”, subrayó.
Para más inri, la compañía, según comentaron los pasajeros, les ofreció 300 euros a cambio de renunciar a indemnizaciones. “Como si tu vida valiera 300 euros”, se quejó Daiana López, otras de las pasajeras afectadas. Según explicó, algunos de los pasajeros de ese vuelo cogieron ese dinero y otros no, a pesar de que en total éste se convirtió en uno de los viajes más caros de sus vidas.
“Yo no cogí el dinero porque era como si con 300 euros nos dijeran ‘cállate la boca’”, añadió Ángela, quien aclaró que “no hubiera habido ninguna queja si no hubiéramos recibido el trato tan vejatorio que nos dieron en el aeropuerto y en el hotel”. “A un animal no le hubiera dado yo el trato que nos dieron a nosotros. Ésa es la rabia y la impotencia que tenemos”, concluyó. Por todo ello, los pasajeros del citado vuelo han presentado en la Dirección General de Aviación Civil una denuncia en la que protestan por el trato recibido por la compañía durante todos estos días.
“EN CONTACTO PERSONAL CON LOS VIAJEROS”
Ante las quejas de estos viajeros, la compañía explicó que la directora del Departamento de Atención al Cliente se puso “en contacto personalmente con muchos de los pasajeros de ese vuelo” ofreciéndoles “una solución”.
Concretamente, explicó que en el caso de la persona que perdió su trabajo a causa de este problema se le ofreció, además de una carta de la compañía certificando el incidente, hablar personalmente con la persona que le había rescindido su acuerdo laboral. Sin embargo, “el interesado no quiso que se hiciera esta gestión”.
Asimismo, señaló que el director general de la empresa, Tomás Cano, envió un fax a Manaos a todos los pasajeros ofreciendo sus disculpas y admitiendo los problemas que podía ocasionar el incidente.
Por otra parte, les informaba del envío de un avión Boeing 767 para poder hacerles regresar a España y se comprometía a su llegada a ponerles a su disposición todo el personal para solucionarles las correspondientes conexiones fuera de la capital de España.
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