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La empresa mallorquina Alcudiamar, que actualmente explota el complejo náutico del puerto deportivo de Alcudia, invertirá seis millones de euros en la creación de 189 amarres, un edificio de gestión y una pequeña zona comercial y de ocio en el Puerto de Castellón, que se creará con motivo de la celebración de la Copa de América en 2007, informó a Europa Press su director general, Bartomeu Bestard.
La compañía se ha adjudicado la creación y gestión de una zona náutica, comercial y de servicios en la dársena interior de este Puerto levantino, que mantendrá por un periodo de 35 años, con lo que comienza un proceso estratégico para extender su actividad fuera de las islas y aumentar así su volumen de negocio.
Bestard explicó que la intención de la empresa es seguir el camino emprendido por los hoteleros de Mallorca, que iniciaron hace unos años inversiones fuera de las islas, aplicando en este caso su ‘know-how’ en la gestión de puertos deportivos.
Así, Alcudiamar centra principalmente su objetivo en presentar sus proyectos en Andalucía, un “mercado muy interesante”. También quiere participar en la Escalera Náutica, un ambicioso proyecto turístico del Gobierno mexicano que supondrá la construcción de 27 puertos deportivos en el Mar del Cortés, donde existe un potencial de tráfico máritimo con Estados Unidos muy importante y no se ha creado la infraestructur para atender a esta demanda.
Alcudiamar ha logrado ahora la adjudicación de la primera fase del proyecto de la Autoridad Portuaria de Castellón, para crear 1.200 plazas en la dársena interior del Puerto, aunque su intención es participar en una segunda fase que se convocará en próximos años.
Una vez la empresa suscriba el contrato de concesión con la Autoridad Portuaria, en un plazo de un mes, comenzará las obras de construcción, que durarán un año, con lo que el objetivo de Alcudiamar es que en dieciocho mes pueda comenzar su explotación.
Bestard explicó que la intención de la compañía es “generar un tráfico marítimo entre Castellón y Alcudia”, con la posibilidad de que sus clientes puedan moverse con facilidades entre los dos Puertos, siendo atendidos de manera preferencial.
En total, son 189 amarres con longitudes de diez veinte metros, así como un edificio general de 600 metros, una zona comercial con tiendas de 500 metros y un espacio de servicios (entre ellos, de reparación) de 2.000 metros.
Bestard comentó que la empresa ha emprendido esta estrategia una vez constatado que en Mallorca hay menores posibilidades de crecimiento, a pesar de que la nueva ley autonómica de Puertos permite realizar ampliaciones en las instalaciones existentes. “Hay menos mercado aquí en las islas porque no se van a crear puertos nuevos, aunque sí hay posibilidades de ampliaciones”, señaló.
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